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martes, 18 de abril de 2017

ÉL

Nació y se quedó huérfano de madre cuando apenas tenía 6 meses. A los 15 años se fue a la Legión porque quedarse en el pueblo le reportaría una pobreza extrema. Se fue y batalló unas cuantas guerras. Poquito a poco fue subiendo y consiguió todo lo que se propuso.
Pero su sueño era ser médico y poco después de casarse se puso a estudiar y lo logró.
Estudiaba mientras cuidaba a mi madre de sus mil travesuras.
Qué suerte tuve de tenerle.
Y cuánto le echo de menos pasados ya más de 12 años.
Y es que él era un hombre que enamoraba a todo lo que tenía a su alrededor.
Yo lo estaba.
Me cuidaba como nadie, me compraba unas victoria verde cuando llovía y mis zapatos se me calaban cuando paseábamos, nos íbamos de viaje mano a mano y a él se le veía igual de feliz como si estuviera con mi abuela.
Él era el que me llevaba a comer croquetas dónde me gustaba e ir a ver el mar cuando estaba muy nerviosa.
Él era el que me apoyó desde el primer momento a descubrir mis sueños y cuando le cocinaba huevos fritos con pimientos me adoraba aún más.
Hablábamos cada noche cuando me fui a vivir a Madrid.
Cada noche.
Y una noche, sin avisar, su vitalidad arrolladora durante más de 80 años se apagó. Y supe que algo iba a suceder en breve. Así fue. Al cabo de dos semanas se me fue.
Durante los seis meses posteriores seguí llamando a su número de teléfono sin encontrar respuesta y a día de hoy me cuesta pasar por la calle Aragón de Barcelona.
Y es que cuando una persona te ha atrapado con locura y de la manera más gratificante, desprenderse de eso no fácil.
Dicen que el tiempo lo cura todo.
Dicen eso.
Pero soy más partidaria a decir que el tiempo me reaviva cada vez más momentos junto a él.
Con mi querido Abuelo.
A los que todavía tengáis el privilegio de tener alguno, cuidadlo mucho.
Son el mejor tesoro.
Hoy va por tí Abuelo.
Me acuerdo de ti y te lo digo.

Escrito por María del Río.

La Cama

La cama.
Ese lugar donde intercambias conversaciones y alguna que otra discusión con la almohada.
Ese lugar donde si tú quieres no sólo vale el misionero.
Ese lugar dónde te adentras en la vida de otros a través de los libros.
Ese lugar donde aprovechas para decir algo tan valioso y de manera sigilosa como "te quiero" cuando el otro se ha dormido. No vaya a ser que la otra persona no te corresponda y te quite el sueño.
Ese lugar donde juegas a guerra de almohadas con tu hermano, amigo o pareja.
Ese lugar donde ha hay sexo con amor y sin él.
Ese lugar donde has tenido los mejores sueños con la posterior decepción de que ha sido eso. Un sueño.
Ese lugar dónde tu mente hace la lista de la compra y todo lo que tiene que hacer al día siguiente.
Ese lugar donde a veces afloran las mejores ideas minutos antes de dormirte y te has de levantar a apuntarlas por si al día siguiente ya no te acuerdas.
Ese lugar donde surgen miedos con sombras varias de la pared.
Ese lugar donde puedes llegar a ser otras personas.
La cama.
Ese lugar donde se nace, se sueña, se ama y se muere.

El Medicamento

Ojalá hubiera un medicamento no invasivo que se llamara "antiechardemenosactil".
Yo que hasta para tomarme un paracetamol me lo pienso, creo que éste me lo tomaría.
Siempre he sido muy partidaria de que cada momento pasa por algo y he respetado mis momentos anímicos.
Pero claro a veces ese momento se alarga demasiado.
Echar de menos a un ser querido que ya no está es inevitable y seguramente perdurará toda la vida.
Pero no sé si a vosotros os ha pasado esto alguna vez. Echarse de menos.
Sí, el año pasado me eché de menos. Me buscaba y no me encontraba y no veáis que faena e impotencia. Bendito mi padre que siempre está ahí para recordarme cómo soy y que todo son momentos que luego vuelven a su cauce.
Afortunadamente volví a mi ser. Y ya no me echo de menos ni de más.
Si hubiera habido esa medicina hubiera sido todo más fácil pero creo que al final no me la hubiera tomado.
Me gusta más el proceso natural aunque sea duro.
Por cierto ahora mismo echo de menos algo.
Fumar.
Pero como siempre, encontraré la manera para lidiar ese estado anímico.

Escrito por María del Río.
 

viernes, 26 de agosto de 2016

H de Humor

Estos tres individuos se toman la vida con humor.
Van a la pastelería a comprar velas y piden 215.
La pastelera se queda un poco sorprendida y vuelve a preguntar la cifra.
Mi padre con semblante serio le dice que sí, que son esas las cifras. 

Le explica que ellos tres cumplen esa edad siendo amantes.
Y mi madre y el mejor amigo de ellos asienten y les entra la risa claro.
Así son ellos.
Se ríen de la edad y disfrutan la vida.
Con mucho humor claro.

Escrito por María del Río. 

M

Mis padres siempre me decían que cuando este tio de la foto supo que iba a tener una hermanita no hubo ni un ápice de celos por su parte.
Es más la impaciencia se apoderó de él cuando yo, por avatares de la vida, no tuve un nacimiento normal.
Siempre miraba mi cuna y le decía a mi padre cuando estaría en casa.
El día que por fin llegué a casa, había noches que el llorar era mi momento preferido. Y él con 3 añitos, se levantaba, cogía el biberón y me lo daba entre las rendijas de la cuna.
Hablaba con la "z" y me decía que no podía estar llorando todo el rato porque los papás tenían que descansar.
Así visualizaron esa escena mis padres desde la puerta de la habitación y desde ese día supieron que él y yo seríamos uña y carne.
No se equivocaron.
Él es mi hermano pero mi amigo y confidente durante toda mi vida. Ah! Y el que me acaricia los mofletes sin mesura porque dice que son antiestrés.
Que suerte tengo.
Gracias Miguel.

Escrito por María del Río.

 

jueves, 28 de julio de 2016

Melancolía

¿Melancolía? Sí.
Pero felicidad también.
Y es que nos empeñamos en pensar que ser melancólico es aferrarse al pasado y no vivir el presente.
Todo depende de cómo "pasees" con ella.
Con la melancolía.
Yo paseo con ella de la mano (con la izquierda) y con la derecha hablo con el presente.
A la melancolía la llevo a tomar café para que los recuerdos sean repletos de adrenalina y al presente lo llevo a tomar un vino que se toma a sorbitos pequeños para que disfrute el momento.
Reconozco que hoy he sacado a pasear más a la melancolía. No pasa nada de vez en cuando.
Y es que recordar un paseo con mi padre por la Diagonal de Barcelona, que me proteja mis hombros con su brazo, que me compre un libro y se impaciente en decirme que si quiero cenar un buen vino, jamón ibérico, queso manchego y un buen pan de pueblo y que culminemos el paseo sentándonos en un banco (nuestro banco) preguntándonos qué haríamos si nos dieran tres vidas...pues la verdad...ser melancólica me hace feliz.
Por cierto, una de sus vidas sería volverme a tener, la otra ser viajante para no perderse ninguna cultura ni rincón de la tierra y la otra ser librero.
Mañana sacaré a pasear al presente y la melancolía le pedirá disculpas por haberme cogido demasiado fuerte de la mano.

Escrito por María del Río.

28

Esos días en lo que...
Sin saber por qué te ves batallando contigo misma y no llegas a ningún acuerdo.
Y te enfadas más claro.
Hasta que llega el día en que caes en la cuenta, como si de repente fueras una niña y descubrieras todo, que no eres tú.
Es la maldita hormona que hace de las suyas y te confunde y reconfunde.
Y acabas hablando con ella y le dices: Tía vale ya. Haz tu labor y déjame tranquilita un rato, que ya me has hecho dar una mala contestación al de la tienda de al lado, discutir con el semáforo en rojo, llorar con un anuncio de un banco (Sí, un puñetero banco! ) y me has hecho comprar chorizo que no me gusta pero parece ser que a ti si.
En fin, no pretendo ser un anuncio antievax pero si encontrar un punto en común en la que tú, hormona, y yo entablemos una relación no ya de amigas, sino cordial. Más que nada porque cada 28 días nos vamos a tener que ver y aunque no te caiga bien, si te empeñas, verás que soy una tipa sociable y sencilla. No seas tan rebuscada y disfruta de la vida señorita hormona.
Atentamente,
María.

Escrito por María del Río.