"Siempre" y "Nunca" no tienen nada que ver.
No son amigas.
Pero si matizamos y recurrimos a alguna fase de nuestra de vida en la
que nos hemos sentido enamorados, vemos que estas dos palabras,
adverbios temporales, en sí mismas contrarias, las hemos intentado
conciliar diciendo: "Siempre te querré y nunca te olvidaré ".
¡Y todos
tan amigos!
Escrito por María del Río.
miércoles, 2 de diciembre de 2015
domingo, 29 de noviembre de 2015
Dos Mujeres de Trieste
Dos mujeres probablemente, sin ellas quererlo, forman parte del recuerdo de
los días pasados en Trieste. Con la primera estuvimos en la tarde de nuestra
llegada. Callejeando por una calle cercana al hotel nos dimos de bruces con una
pequeña tienda, cuyo escaparate y lo que dejaba entrever al fondo de la misma
era un "totum revolutum" de objetos. Por encima de todo ello, en un
pequeño altillo se divisaba el rostro de una mujer que sentada delante de una
mesa oteaba, cual "farista", su pequeño universo con una
limpia y amplia sonrisa.
Nuestra
curiosidad, estimulada por aquel desorden ordenado y por la mirada atenta y
receptiva de aquella mujer, gobernanta de aquél maremágnum, quedó satisfecha al
traspasar la puerta de entrada. Marcos, muchos marcos, de maderas añosas, fotos
antiguas, mecedoras, piedras de río, dibujos, acuarelas, carteles, algún cuadro interesante, libros de arte, objetos de todo
tipo. No obstante, todo ello desprendía un cierto perfume personal, como si
formara parte del entorno más cercano de aquella mujer que seguía observándonos
atentamente. Fue un momento mágico, justo ese instante en el que sin ningún
artilugio se estableció una corriente distinta de la puramente mercantil. Ella
no pretendía vender, sino explicarnos la relación, íntima y cercana, que
mantenía con aquellos objetos. Nos contaba su historia, la particular de cada
uno de ellos, con la esperanza de que el comprador, supuesto que se decidiera,
siempre pudiera participar de una relación con él mismo, similar , al menos, a
la que ella había mantenido hasta entonces
Le preguntamos sobre algunos de los cuadros. En
ese momento, suspiró, su cara esbozó una sonrisa limpia y, a la vez, profunda.
Aquellos cuadros los había pintado su padre, del cual nos enseñó algún libro publicado sobre su obra.
Parece ser que tuvo reconocimiento en la sociedad triestina durante buena parte
de la postguerra. Su pintura, por lo que pudimos ver, transmitía sensibilidad y
buen hacer.
Nuestra visita,
inesperada, supongo que para ella, fue grata, hasta el punto de que nuestra
despedida podía perfectamente no haber sido para siempre.
La otra mujer de
Trieste, fue la recepcionista del hotel en el que nos alojamos. Mujer atenta y culta, amante de su ciudad y
de todo el entorno adriático. Nos dio sus impresiones sobre las ciudades cercanas, eslovenas y croatas,
los castillo de Miramare y de Duino, en donde Rilke escribió "Sus elegías". Incluso, al decirle
que teníamos intención de ir a Fiume, italiana en su momento, ahora croata, con
el nombre de Rijeka, ciudad hermana de Trieste, nos recomendó que no
acercaramos a Hum, un pequeño pueblo de la zona de Istria en Croacia norte, que
fue uno de los centros más importantes de la cultura glagolítica y ahora se
precia de ser, con sus 17 habitantes, la Ciudad más pequeña del mundo.
Siempre, cada
mañana nos preguntaba sobre nuestras excursiones - Liubiana, Fiume, Castillo de
Miramare, Hum - y siempre recibíamos de ella algún comentario acertado. El día
de nuestra partida, como no podía ser menos, nos despedimos de otra amiga más
de Trieste.
Salud para ambas.
Siempre las tendré en la memoria.
Escrito por mi
padre. Mi confidente, amigo, padre, mentor que siempre me da la mano para
avanzar en este camino llamado vida.
viernes, 27 de noviembre de 2015
Me hace
Me hace feliz:
Remolonear en la cama.
El sonido de la cafetera cuando sube el café.
Empezar la mañana y proseguir el día con música.
Una ducha caliente.
Un cielo despejado.
Saludar a Enrique y Ana, dueños de una panadería-cafetería de al lado de mi casa.
Recibir emails deliciosos de mi padre.
Recibir un buenos días de mi madre y vídeos de mi hermano que me provocan una carcajada por whatsapp.
Que alguien te piense y te lo diga.
Caminar sin rumbo.
Fotografiar con o sin cámara historias de la vida cotidiana.
Pasarme horas en las librerías rebuscando libros.
Las buenas iniciativas.
Un beso bien besado.
Una mirada limpia.
Vivir con matices.
Buenas amistades que te arropan de por vida.
Una carcajada. Y dos. Y tres.
Escuchar.
Aprender y desaprender.
Caerme y levantarme.
No ser envidiosa.
Alegrarme por lo bueno en los demás.
Escribir.
Agradecer siempre.
Pulpo a la gallega.
Ser pizpireta.
El mar.
Los ancianos .
Los “por qué” de los niños.
Un abrazo de los que acogen.
Jugar.
Ciertos espasmos.
Morder.
Escribir lo que me hace feliz.
Escrito por María del Río.
Remolonear en la cama.
El sonido de la cafetera cuando sube el café.
Empezar la mañana y proseguir el día con música.
Una ducha caliente.
Un cielo despejado.
Saludar a Enrique y Ana, dueños de una panadería-cafetería de al lado de mi casa.
Recibir emails deliciosos de mi padre.
Recibir un buenos días de mi madre y vídeos de mi hermano que me provocan una carcajada por whatsapp.
Que alguien te piense y te lo diga.
Caminar sin rumbo.
Fotografiar con o sin cámara historias de la vida cotidiana.
Pasarme horas en las librerías rebuscando libros.
Las buenas iniciativas.
Un beso bien besado.
Una mirada limpia.
Vivir con matices.
Buenas amistades que te arropan de por vida.
Una carcajada. Y dos. Y tres.
Escuchar.
Aprender y desaprender.
Caerme y levantarme.
No ser envidiosa.
Alegrarme por lo bueno en los demás.
Escribir.
Agradecer siempre.
Pulpo a la gallega.
Ser pizpireta.
El mar.
Los ancianos .
Los “por qué” de los niños.
Un abrazo de los que acogen.
Jugar.
Ciertos espasmos.
Morder.
Escribir lo que me hace feliz.
Escrito por María del Río.
miércoles, 11 de noviembre de 2015
A ti
Las 7 de
la mañana.
Un hombre
apuesto de pelo blanco se despierta. Coge su albornoz y se va directo a la
puerta de su casa a recoger el periódico.
Va a la
cocina y prepara el café. Mientras se come un yogur con nueces porque son
buenas para el corazón. También un plátano porque tiene potasio.
El café
murmura y le avisa que ya está listo para ser degustado con un trozo de
bizcocho que le hace siempre su mujer.
Sin duda
alguna, es su mejor momento. Desayuna de pie leyendo el periódico y va mirando
el amanecer a través de la ventana de la cocina. Tiene suerte. Puede ver el
horizonte donde el mar y el cielo se besan. Vive en una ciudad con mar.
Tras este
momento delicioso se ducha y se viste sigilosamente dando toda la elegancia a
su cuerpo con unos pantalones, camisa y americana perfectamente planchada.
Luego sube al salón y sigue desmenuzando las líneas del periódico hasta que
decide irse a su despacho a batallar con las leyes. Podría haberse jubilado
desde hace años pero las leyes le adoran por su lealtad y su humanidad. No hay
muchas personas que trabajen con la profesionalidad y la humildad de este
hombre. Él es así y no sabe hacerlo de otra forma. El camino hacia su despacho es corto
pero él lo disfruta mirando hacia arriba. A las fachadas de los edificios. Llega al despacho y ahí
despliega toda su sabiduría e intenta mediar en los diferentes litigios de las
personas. Lo hace bien. Doy fe. Hay días que decide tomarse la tarde libre y llama a su mujer para ir al
cine, ir a La Central a comprar libros, ir a hacer fotos o ir a una exposición.
Se lo pasan bien juntos y se ríen. Desde otra ciudad una chica se acuerda de
este hombre que tanta paz le da. Y más cuando él le llama y le dice: “Hola
Princesa” o cuando recibe un email de él con recomendaciones literarias y culturales
y su despedida es así: “Por hoy como siempre, es poco, pero este poco si es
denso es bastante. Un abrazo fuerte “. Tengo recopilados todos los emails con
este hombre y son una auténtica maravilla.
Lo es
porque este hombre es mi padre.
Ese hombre que prefiere los abrazos a los besos
porque el abrazo te acoge con todo su esplendor.
Ese hombre al que mi cabeza y
mi corazón le ha dado la mejor habitación con vistas que pueda haber.
Ese
hombre al que no quererle podría ser considerado delito.
Escrito por María del Río.
lunes, 9 de noviembre de 2015
Reflejos
Esa mirada pizpireta cuando quieres algo y no lo verbalizas con palabras.
Esos sorbitos que das con el café hirviendo o la sopa.
Esa cara de querer matar a todo el que tengas por delante antes de desayunar.
Esa cara de éxtasis tras beber un café doble expresso y fumar un cigarro al son de un tema musical.
Como te muerdes las uñas y dejas de hacerlo cuando te mira alguien.
Como te tocas la nariz cuando de repente la timidez te invade.
Como te quedas con la boca abierta literalmente cuando algo te sorprende.
Como se te pone la nariz roja y te quedas sin palabras cuando tienes frío.
Como me gusta cuando me miras y traspasas.
Que guapa estás cuando te crees que estás en el punto más alto de la fealdad.
Lo atractivo en ti no es cuando estás quieta sino cuando te tropiezas y te levantas con esa sonrisa de niña traviesa.
Por eso y por más habilidades innatas que tienes, te quiero. Me quiero.
A mi lado.
Escrito por María del Río.
Esos sorbitos que das con el café hirviendo o la sopa.
Esa cara de querer matar a todo el que tengas por delante antes de desayunar.
Esa cara de éxtasis tras beber un café doble expresso y fumar un cigarro al son de un tema musical.
Como te muerdes las uñas y dejas de hacerlo cuando te mira alguien.
Como te tocas la nariz cuando de repente la timidez te invade.
Como te quedas con la boca abierta literalmente cuando algo te sorprende.
Como se te pone la nariz roja y te quedas sin palabras cuando tienes frío.
Como me gusta cuando me miras y traspasas.
Que guapa estás cuando te crees que estás en el punto más alto de la fealdad.
Lo atractivo en ti no es cuando estás quieta sino cuando te tropiezas y te levantas con esa sonrisa de niña traviesa.
Por eso y por más habilidades innatas que tienes, te quiero. Me quiero.
A mi lado.
Escrito por María del Río.
sábado, 17 de octubre de 2015
Puntería.
Había sido poco ambiciosa en muchos aspectos de su vida.
Pero hoy decidía serlo para uno en concreto.
Se lo jugó todo y acertó.
Y después suspiró.
Escrito por María del Río.
Pero hoy decidía serlo para uno en concreto.
Se lo jugó todo y acertó.
Y después suspiró.
Escrito por María del Río.
lunes, 12 de octubre de 2015
PROMETO
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