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viernes, 27 de noviembre de 2015

Me hace

Me hace feliz: 
Remolonear en la cama.
El sonido de la cafetera cuando sube el café.
Empezar la mañana y proseguir el día con música.
Una ducha caliente.
Un cielo despejado.
Saludar a Enrique y Ana, dueños de una panadería-cafetería de al lado de mi casa.
Recibir emails  deliciosos de mi padre.
Recibir un buenos días de mi madre y vídeos de mi hermano que me provocan una carcajada por whatsapp.
Que alguien te piense y te lo diga.
Caminar sin rumbo.
Fotografiar con o sin cámara historias de la vida cotidiana.
Pasarme horas en las librerías rebuscando libros.
Las buenas iniciativas.
Un beso bien besado.
Una mirada limpia.
Vivir con matices.
Buenas amistades que te arropan de por vida.
Una carcajada. Y dos. Y tres.
Escuchar.
Aprender y desaprender.
Caerme y levantarme.
No ser envidiosa.
Alegrarme por lo bueno en los demás.
Escribir.
Agradecer siempre.
Pulpo a la gallega.
Ser pizpireta.
El mar.
Los ancianos .
Los “por qué” de los niños.
Un abrazo de los que acogen.
Jugar.
Ciertos espasmos.
Morder.
Escribir lo que me hace feliz.
Escrito por María del Río.





miércoles, 11 de noviembre de 2015

A ti

Las 7 de la mañana.
Un hombre apuesto de pelo blanco se despierta. Coge su albornoz y se va directo a la puerta de su casa a recoger el periódico.
Va a la cocina y prepara el café. Mientras se come un yogur con nueces porque son buenas para el corazón. También un plátano porque tiene potasio.
El café murmura y le avisa que ya está listo para ser degustado con un trozo de bizcocho que le hace siempre su mujer.
Sin duda alguna, es su mejor momento. Desayuna de pie leyendo el periódico y va mirando el amanecer a través de la ventana de la cocina. Tiene suerte. Puede ver el horizonte donde el mar y el cielo se besan. Vive en una ciudad con mar.
Tras este momento delicioso se ducha y se viste sigilosamente dando toda la elegancia a su cuerpo con unos pantalones, camisa y americana perfectamente planchada. Luego sube al salón y sigue desmenuzando las líneas del periódico hasta que decide irse a su despacho a batallar con las leyes. Podría haberse jubilado desde hace años pero las leyes le adoran por su lealtad y su humanidad. No hay muchas personas que trabajen con la profesionalidad y la humildad de este hombre. Él es así y no sabe hacerlo de otra forma. El camino hacia su despacho es corto pero él lo disfruta mirando hacia arriba. A las fachadas de los edificios.  Llega al despacho y ahí despliega toda su sabiduría e intenta mediar en los diferentes litigios de las personas. Lo hace bien. Doy fe. Hay días que decide tomarse la tarde libre y llama a su mujer para ir al cine, ir a La Central a comprar libros, ir a hacer fotos o ir a una exposición. Se lo pasan bien juntos y se ríen. Desde otra ciudad una chica se acuerda de este hombre que tanta paz le da. Y más cuando él le llama y le dice: “Hola Princesa” o cuando recibe un email de él con recomendaciones literarias y culturales y su despedida es así: “Por hoy como siempre, es poco, pero este poco si es denso es bastante. Un abrazo fuerte “. Tengo recopilados todos los emails con este hombre y son una auténtica maravilla.
Lo es porque este hombre es mi padre. 
Ese hombre que prefiere los abrazos a los besos porque el abrazo te acoge con todo su esplendor. 
Ese hombre al que mi cabeza y mi corazón le ha dado la mejor habitación con vistas que pueda haber. 
Ese hombre al que no quererle podría ser considerado delito.
Escrito por María del Río.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Reflejos

Esa mirada pizpireta cuando quieres algo y no lo verbalizas con palabras.
Esos sorbitos que das con el café hirviendo o la sopa.
Esa cara de querer matar a todo el que tengas por delante antes de desayunar.
Esa cara de éxtasis tras beber un café doble expresso y fumar un cigarro al son de un tema musical.
Como te muerdes las uñas y dejas de hacerlo cuando te mira alguien.
Como te tocas la nariz cuando de repente la timidez te invade.
Como te quedas con la boca abierta literalmente cuando algo te sorprende.
Como se te pone la nariz roja y te quedas sin palabras cuando tienes frío.
Como me gusta cuando me miras y traspasas. 

Que guapa estás cuando te crees que estás en el punto más alto de la fealdad.
Lo atractivo en ti no es cuando estás quieta sino cuando te tropiezas y te levantas con esa sonrisa de niña traviesa.
Por eso y por más habilidades innatas que tienes, te quiero. Me quiero.
A mi lado.
Escrito por María del Río.

sábado, 17 de octubre de 2015

Puntería.

Había sido poco ambiciosa en muchos aspectos de su vida.
Pero hoy decidía serlo para uno en concreto.
Se lo jugó todo y acertó.
Y después suspiró.
Escrito por María del Río.

lunes, 12 de octubre de 2015

PROMETO

Venga va.
Prometo no quererte.
Prometo no desquiciarte.
Prometo que no me des explicaciones.
Lo prometo.
Eso sí.
Prometo jugarte.
Prometo besarte.
Prometo desbordarte.
Hasta que te veas prometiendo olvidarme.
Escrito por María del Río.
Foto de Juan Aragonés
  

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Mírale


Mírale a los ojos y verás algo en ella.
Algo oculto que la hace aún más especial.
Yo todavía no he logrado descifrar lo que es pero algún día lo sabré.
Ella tiene  algo oculto que la delata en su andar y en cómo se muerde las uñas.
También en sus silencios.
Cuando no habla los espacios  se encogen de agonía.
Ella escucha. Lo hace bien. El abrirse no lo hace tan bien. No por inexperiencia sino porque describir un sentimiento o estado no es moco de pavo para ella y prefiere callarse a soltar palabras huecas. Es perfeccionista de nacimiento.
Mírale a los ojos y verás algo en ella.
¡Oye! Mejor no lo hagas. 
Acabarás rendido a ella.
Escrito por María del Río. 

martes, 8 de septiembre de 2015

GRACIAS

Estamos más acostumbrados o nos es más fácil decir lo malo que lo bueno.

Llamádme loca pero yo si veo algo que me gusta por la calle, lo digo. Pero eso es raro. Y es menos raro insultar al otro en el coche o por la calle. 
El otro día cogí un taxi y me encantó la voz del taxista y su elegancia. Sí. Se lo dije. No pretendía ligar. No. Simplemente se lo dije y ya.  Pero eso es raro. Y la verdad es que no lo entiendo. A lo mejor el taxista se fue con una sonrisa en la cara y pasó la noche recorriendo la ciudad con otro talante. 
Estamos acostumbrados a no decir las cosas que nos agradan. Y menos acostumbrados a no dar las gracias por pasar un buen rato con alguien. 
No pretendo dar una lección de esas de positividad al estilo de Jodorovsky pero sí plasmar que si no decimos lo que sentimos, ¿cuándo lo haremos?, ¿cuándo la otra persona ya no esté?. 
A veces pienso cuántas palabras buenas nos habremos reprimido hacia otras personas y dónde habrán ido a parar. Estarán en un planeta a punto de estallar por la acumulación de sentimientos  vacíos  de compañía.  Y me da rabia.  Si estás pasando un buen rato con alguien dale las gracias por ello.  Aunque no lo vuelvas a ver o aunque sea tu amigo más íntimo. 
¿Qué cuesta decir GRACIAS? Dilo en inglés, francés , chino pero ¡dilo! 
Todo esto se extrapola a las relaciones de padres e hijos, amigos, al panadero de al lado de tu casa, por no hablar de relaciones de pareja o de sexo de una noche. Sí, en este último caso es raro decir : “Gracias por esta noche de sexo contigo”. No quieres denotar ni un ápice de emoción aunque hayas estado con otro cuerpo desnudo despojado de corazas. 
Miedo. Cobardía. Inhabilitación emocional o mucha tontería preestablecida.
Y sí. Me incluyo y me aplico todo lo dicho en estas líneas.

Así que utilicemos más las cuerdas vocales para agradecer y no las hagamos callar constantemente.

¡Ah! GRACIAS por leerme. 
Escrito por María del Río.