visitas

domingo, 10 de diciembre de 2017

Ese Momento

Ese momento en el que las calles mojadas se han dado su merecida ducha mañanera para comenzar su actividad con los pasos de la gente.
Ese momento que decides ir a correr o el opuesto, tomar un chocolate con churros antes de dormirte.
Ese momento en el que por fin te lanzas para besar a aquella persona con la que has hablado toda la noche.
Ese momento en el que muchas personas saltan de una cama desconocida para irse a su casa.
Ese momento en el que tu día puede ser revelador en tu vida.
Ese momento en el que de una manera u otra estás experimentando algo.
VIVIR.

Escrito por María del Río. 

lunes, 27 de noviembre de 2017

TRIPLICADA

Hay días que paso por tantas emociones que soy infinidad de personas en un momento.
Hoy he sido guerrera como en cualquier película de heroínas.
Luego he sido sensible como en aquel maravilloso monólogo de Candela Peña sobre la nostalgia en la película Princesas.
Y ahora acabo de ser "te odio pero te quiero" como Penélope Cruz en Todo es Mentira.
Sí.
Así soy.
Una persona que no le teme a las emociones y aprende de ellas.

Escrito por María del Río.

domingo, 12 de noviembre de 2017

LLEGASTE

Ya has llegado.
Y no sé el motivo de tu tardanza.
Pero quiero pensar que era para brindarme más tiempo de felicidad.
Gracias. Te lo agradezco.
Y ahora, tendré que adaptarme a tu compañía como cada año.
Y habrá días que te querré matar y te odiaré mucho y otros en la que sin saber por qué, te necesitaré.
No te elegiría para ser mi pareja ni un affaire pero algo tienes.
Quizás esa brisa que hace que mi piel se refresque y se espabile todo mi cuerpo.
Sí. Es eso.
FRÍO aunque crea que no, me haces sentir más viva que nunca.

Escrito por María del Río.
 

ABRIGARSE

Abrigarse cuando lo que más quiero es que me desnudes.
Como el que desenvuelve un regalo sin romper el envoltorio.
Respetando cada detalle.
Hasta que se llega al regalo más preciado.
Y toda la excitación se multiplica.
Abrigarse.
Sí.
Para que me desnudes.

Escrito por María del Río.

Foto de Karlos Sanz

AHÍ

No soy muy de metro. Me entran ahogos si hay mucha gente y tengo que salir.
Pero si soy muy de pasear por los pasillos subterráneos.
Ahí es donde me surgen ideas viendo los andares precipitados o pausados de la gente.
Ahí es donde no me siento juzgada porque la gente no se observa según mi mirada.
Ahí es donde me abstraigo con músicos que tocan al son de nuestros movimientos y gestos.
Ahí es cuando cojo más impulso para subir de nuevo a la realidad.

Escrito por María del Río.

jueves, 19 de octubre de 2017

HIRAETH

Hiraeth.
Esta palabra es galesa y viene a ser algo así como "añoranza".
Un día la leí en un libro y me encandiló.
Yo es que me enamoro mucha veces de las palabras.
Cómo suenan, la contundencia o la fragilidad, la longitud y los mil significados que puede tener una palabra utilizando una preposición u otra.
Todo esto me inquieta y pone nerviosa.
Como en una primera cita.
Esta palabra en cuestión la encuentro sexy. Por cómo suena y lo que me provoca cuando la leo.
Hacía tiempo que no conocía una palabra así.
Que me provocara rubor y quisiera pasar toda la noche con ella.
Hacía tiempo.
Y creo que a lo mejor voy a quedar con ella varias veces. Quizás todo el Otoño.
Y es que el Otoño me provoca eso.
Hiraeth.
Feliz Día de Lluvia.

Escrito por María del Río.
 

lunes, 9 de octubre de 2017

7

Llegó el día.
Le confirmaron lo que ya preveía desde hacía algunos meses.
Le quedaban apenas dos meses de vida.
Fue extraño.
Cuando le comunicaron la noticia no se derrumbó.
Cogió la mano del médico y le dio las gracias por su empatía.
Salió del hospital y fue directa al lugar donde había más rayos de luz.
Se sentó en un banco y pidió un cigarro a la primera persona que pasaba por ahí. Lo había dejado hacía 9 meses pero que más daba ya.
Tenía un plan.
En el tiempo que le quedara, intentaría besar a aquellas bocas que le habían aportado pasión en algún momento de su vida.
Y es que un beso bien besado no se olvida.
Recorrería kilómetros para buscar esa comisura donde a veces hace que todo tu cuerpo explote de la mejor manera.
Dicho y hecho.
Cogió su libreta dónde apuntaba siempre todas sus ideas e hizo una lista de los mejores besos.
Iría en busca de 7 besos.
Era su número preferido y quería acabar besando a otro labio dibujando ese número.
En busca del primer beso cogió un tren e iría a un pueblo del norte de España.
No sabía que podría pasar cuando le contara a aquel chico lo que quería, pero confiaba.
Era su último deseo.
Encontró a aquel chico 25 años después. Había cambiado pero seguía teniendo ese atractivo en la cicatriz que tenía en una de sus cejas.
Fue un reencuentro tímido pero se fundieron en un abrazo como cuando tenían 16 años.
En ese abrazo recorrieron todo tipo de recuerdos de cuando eran inocentes y rebosaban frescura por todos los costados.
Y llegó ese beso tan esperado. Un beso querido, acariciado, mordido, insaciable y perpetuo.
Tal y como fue hace años. Magia es lo que hubo.
Cuando se iba a la estación él le susurró al oído que lo que había hecho era lo más bonito que había podido experimentar en su vida.
El segundo beso sería en su tierra natal. Encontrar a ese chico sería fácil. Sería más difícil contarle el final que le deparaba a ella en breve. Él la quería con locura desde hacía años pero sus vidas no encontraron el momento de decirse todo lo callado.
Hubo lágrimas y hubo beso. Más de 10 besos en uno. La boca y la delicadeza de ese chico encajaba perfectamente en la boca de ella. Todo era perfecto salvo una cosa. No les quedaba tiempo. Ese beso fue una explosión de sensaciones.
El tercer beso también sería en su tierra. Encontró a ese chico diferente pero con la misma mirada penetrante de siempre. Esa mirada que hubiera besado y rebesado toda una vida. Eso él nunca lo supo salvo ese día que le contó lo que quería. La cogió con impulso y la besó con ganas. Muchas ganas. Tanto que los dos desvanecieron después como si hubieran tenido una noche de sexo intermitente. Desvanecieron y el le mordió el labio mientras la miraba como él sabía. Con esa mirada que traspasaba el iris de cualquier ojo y horizonte.
El cuarto beso sería en la meseta. En ese lugar tan memorable para ellos dos.
Esa casa, esa ventana, esos cuadros y esa espalda de él. Ella le besaría la espalda con dulzura y él se encargaría de girarse, cogerla y besarle de abajo hasta arriba. Sus labios pintarían trazos y desembocaría en el mejor beso en forma de lienzo.
Un beso digno de exposición.
El quinto beso sería a escondidas. Como siempre habían hecho. Se mirarían y se dirían todo con cada lágrima esparcida. Se gustaban, se antojaban y mantenían ese tira y afloja constante. Se querían sin decírselo. Después de 10 años volverían a ese beso que no escapaba ningún detalle en cada gota de saliva y movimiento de las lenguas. Un beso que no merecía que acabase nunca.
El sexto beso sería tan magnético que nadie querría separar a esas dos personas. Siempre decían que entre ellos dos saltaban chispas.
Magnetismo multiplicado.
Y finalmente llegaría el séptimo beso.
Ese beso sería diferente y un poco arriesgado.
Quería que se lo diera alguien que había conocido hacía unos meses. Y no sabia ni tan siquiera si era correspondida.
Pero no tenía tiempo y quería ese beso. Le contó todo a aquel chico y le dijo que que la besaría pero que le daba miedo que no fuera el beso perfecto.
Tuvo suerte. Fue el beso que podría rozar la perfección absoluta.
La mejor despedida.
En forma de siete.
Su número preferido.
Escrito por María del Río.