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lunes, 9 de octubre de 2017

7

Llegó el día.
Le confirmaron lo que ya preveía desde hacía algunos meses.
Le quedaban apenas dos meses de vida.
Fue extraño.
Cuando le comunicaron la noticia no se derrumbó.
Cogió la mano del médico y le dio las gracias por su empatía.
Salió del hospital y fue directa al lugar donde había más rayos de luz.
Se sentó en un banco y pidió un cigarro a la primera persona que pasaba por ahí. Lo había dejado hacía 9 meses pero que más daba ya.
Tenía un plan.
En el tiempo que le quedara, intentaría besar a aquellas bocas que le habían aportado pasión en algún momento de su vida.
Y es que un beso bien besado no se olvida.
Recorrería kilómetros para buscar esa comisura donde a veces hace que todo tu cuerpo explote de la mejor manera.
Dicho y hecho.
Cogió su libreta dónde apuntaba siempre todas sus ideas e hizo una lista de los mejores besos.
Iría en busca de 7 besos.
Era su número preferido y quería acabar besando a otro labio dibujando ese número.
En busca del primer beso cogió un tren e iría a un pueblo del norte de España.
No sabía que podría pasar cuando le contara a aquel chico lo que quería, pero confiaba.
Era su último deseo.
Encontró a aquel chico 25 años después. Había cambiado pero seguía teniendo ese atractivo en la cicatriz que tenía en una de sus cejas.
Fue un reencuentro tímido pero se fundieron en un abrazo como cuando tenían 16 años.
En ese abrazo recorrieron todo tipo de recuerdos de cuando eran inocentes y rebosaban frescura por todos los costados.
Y llegó ese beso tan esperado. Un beso querido, acariciado, mordido, insaciable y perpetuo.
Tal y como fue hace años. Magia es lo que hubo.
Cuando se iba a la estación él le susurró al oído que lo que había hecho era lo más bonito que había podido experimentar en su vida.
El segundo beso sería en su tierra natal. Encontrar a ese chico sería fácil. Sería más difícil contarle el final que le deparaba a ella en breve. Él la quería con locura desde hacía años pero sus vidas no encontraron el momento de decirse todo lo callado.
Hubo lágrimas y hubo beso. Más de 10 besos en uno. La boca y la delicadeza de ese chico encajaba perfectamente en la boca de ella. Todo era perfecto salvo una cosa. No les quedaba tiempo. Ese beso fue una explosión de sensaciones.
El tercer beso también sería en su tierra. Encontró a ese chico diferente pero con la misma mirada penetrante de siempre. Esa mirada que hubiera besado y rebesado toda una vida. Eso él nunca lo supo salvo ese día que le contó lo que quería. La cogió con impulso y la besó con ganas. Muchas ganas. Tanto que los dos desvanecieron después como si hubieran tenido una noche de sexo intermitente. Desvanecieron y el le mordió el labio mientras la miraba como él sabía. Con esa mirada que traspasaba el iris de cualquier ojo y horizonte.
El cuarto beso sería en la meseta. En ese lugar tan memorable para ellos dos.
Esa casa, esa ventana, esos cuadros y esa espalda de él. Ella le besaría la espalda con dulzura y él se encargaría de girarse, cogerla y besarle de abajo hasta arriba. Sus labios pintarían trazos y desembocaría en el mejor beso en forma de lienzo.
Un beso digno de exposición.
El quinto beso sería a escondidas. Como siempre habían hecho. Se mirarían y se dirían todo con cada lágrima esparcida. Se gustaban, se antojaban y mantenían ese tira y afloja constante. Se querían sin decírselo. Después de 10 años volverían a ese beso que no escapaba ningún detalle en cada gota de saliva y movimiento de las lenguas. Un beso que no merecía que acabase nunca.
El sexto beso sería tan magnético que nadie querría separar a esas dos personas. Siempre decían que entre ellos dos saltaban chispas.
Magnetismo multiplicado.
Y finalmente llegaría el séptimo beso.
Ese beso sería diferente y un poco arriesgado.
Quería que se lo diera alguien que había conocido hacía unos meses. Y no sabia ni tan siquiera si era correspondida.
Pero no tenía tiempo y quería ese beso. Le contó todo a aquel chico y le dijo que que la besaría pero que le daba miedo que no fuera el beso perfecto.
Tuvo suerte. Fue el beso que podría rozar la perfección absoluta.
La mejor despedida.
En forma de siete.
Su número preferido.
Escrito por María del Río.

domingo, 8 de octubre de 2017

El Paseo

Quizás ayer tuve el paseo más revelador de mi vida.
Y sin querer.
Salí por una puerta en un barrio muy emblemático de Madrid y comencé a caminar.
Sin rumbo.
No me importó pasar por todo el bullicio de un sábado por la noche en la Puerta del Sol de Madrid y la calle Preciados.
Hasta lo encontré atractivo.
Me sentía una espectadora y estaba tan arropada por mí que nada ni nadie me entorpecía.
Caminaba y sentía respiraciones más rápidas y otras más lentas desembocando en lágrimas reprimidas durante mucho tiempo.
Y no me importaba que se me notaran.
Me quedé mirando a una violinista que tocaba en la calle y pensé que ese paseo estaba siendo un pequeño fotograma de la película de mi vida. Y tenía melodía melancólica pero muy vitalista.
Mis pies y mi corazón quisieron pisar la Gran Vía y mirar todas las luces.
Por un momento me sentí como una turista más en una ciudad que ya llevo más de 15 años. Y sentí frescura en mi e inocencia.
Seguí mi camino y me di cuenta que en apenas veinte minutos estaba teniendo más vida que en muchos momentos pasados.
Cómo es la vida, a veces parece que no pase nada durante tiempo y de repente un día, sin preaviso, te concede momentos así. Deliberadores.
Ayer fue un paseo en soledad muy bien acompañada.
Me concilié conmigo pensando que estaba empezando a crear otro guión de mi vida.
Y me estaba gustando.
Próximamente en cines.

Escrito por María del Río.
 

viernes, 6 de octubre de 2017

BIOGRAFÍA

De cuántas sensaciones está hecha la biografía de una persona.
Desde que naces adquieres un olor y muy diferente en cada uno.
Una piel inocente que con los años irá curtiéndose de aprendizajes y experiencias. Algunas buenas y otra no tanto. Esas últimas serán las que sean más difíciles de cicatrizar.
Tu cabeza tendrá que ir siendo selectiva y tu corazón aún más.
Sobre todo cuando ha habido un desamor o una muerte de un ser querido.
Ahí tú corazón pasará un duelo interminable pero deberá ser mimado otra vez para que vuelva a querer y sentir otros olores y sensaciones.
Cuántas imágenes tendrás de toda tu vida?
Cuántas respiraciones y espasmos?
Cuántas veces habrás dicho "te quiero"?
Cuántas veces habrás besado?
Cuántas veces habrás abrazado?
Cuántas veces has vivido en una sola vida?
Yo unas cuantas, tú?

Escrito por María del Río.
 

DIRECCIONES

A veces me gustaría cambiar de dirección en algunas decisiones de mi vida.
Como que hubiera pasado si al final me hubiera ido a aquella ciudad aquel 4 de Junio, o si me hubiera creído que a aquel chico le gustaba, o si en vez de quedarme aquel día en aquel lugar hubiera podido evitar algo que me pesó sin querer, durante mucho tiempo.
Y sí, me gustaría cambiar de dirección.
Pero sólo para mirar.
Porque sé que tome la dirección que tome, todas tienen su lado gratificante.
Y llego a la conclusión que tener sólo una vida hace que no te despistes y que lo vivas todo al máximo y sin arrepentimientos.
Eso sí, si tienes amor por la vida.
Y afortunadamente a mi de eso me sobra.

Escrito por María del Río.

HOY

Hoy te diría unas cuantas cosas.
Más bien te pediría.
Te pido poder abrazar como si fuera la primera vez.
Te pido poder besar de esa manera que te encantaba.
Te pido volver a mirar sin vergüenza pero sin perder ese ápice de inocencia.
Te pido volver a bailar en la calle sin que nadie te importe.
Te pido volver a tararear canciones sin parar.
Te pido volver a observar de la manera que tú sabes.
Te pido que te desnudes y saques toda la sensibilidad que muchos carecen.
Te pido aprender de tu constante afán por ayudar a quien sea.
Te pido que vuelvas.
Sé que estás ahí.
En tu escondite preferido.
Por eso te pido que te descubras ya.
Por aquí ME echo de menos.

Escrito por María del Río.

domingo, 10 de septiembre de 2017

AVE

El otro día viajando en tren me pasó algo que nunca olvidaré.
Me tocó al lado de una chica que se le notaba inquieta pero desprendía dulzura en sus gestos.
Mi ritual en el tren casi siempre es el mismo. Abrigarme mucho (es un congelador) e intentar dormirme.
Pero ese día no fue así.
No sé por qué pero mi boca al escuchar sin querer una conversación telefónica de esta chica con alguien, le preguntó: "Estás bien?" y ella me miró y me dijo con los ojos llorosos que acababa de estar en el entierro de su padre.
Sin saber muy bien qué hacer (qué haces en esos momentos?) le dije que lo sentía y le agarré su mano.
Sinceramente me sorprendí a mi misma reaccionando así cuando no le conocía de nada pero no se por qué sabía que estaba allí por algo.
De repente me vi inmersa en una conversación fluída, sensible, dulce y sincera con ella.
Y sin conocernos.
Hablamos de todo, reímos y hasta lloramos.
Y me acordé de aquel libro de Albert Espinosa "El Mundo Amarillo".
Ese libro te explica que en tu vida existen los familiares y amigos pero que muchas veces (más de las que puedas imaginarte) aparecen los llamados "amarillos". Son personas que se cruzan en tu vida, ya sea un minuto, horas o más tiempo para enseñarte algo.
Eso me estaba pasando con ella. Con Rocío.
Por una vez no quise que acabara el trayecto.
Me hablaba de su padre con una sensibilidad inmedible y claro, me removió. Me removió mi relación especial y maravillosa con el mío. Y yo por suerte, aún le tengo.
Al acabar le expliqué que ella había sido un "amarillo" y me dijo si los amarillos se podían convertir en amistades duraderas.
Y le dije que ese rato con ella no podía quedarse así sin más. De ese momento estaba creándose algo tan maravilloso como es una Amistad.
Y al despedirme de ella con un abrazo sentido me dijo "Gracias María, es como si mi padre te hubiera colocado a mi lado". Y yo me emocioné. Mucho.
Como mola la vida cuando te regala estos momentos.
Gracias Rocío.

Escrito por María del Río.

martes, 29 de agosto de 2017

EL PLAN

Él:
Te propongo un plan.
Cierra los ojos, siéntate a mi lado y recorramos el mundo.
Ella:
El mundo? Demasiados kilómetros.
Él:
Vale. Sé cómo funcionas.
Te propongo recorrer 1777 km.
Ni más ni menos.
Ella: Pero y si llegamos a ese destino y me apetece más?
Él: Tendrás que convencerme para que quiera estar otra vez a tu lado.

Escrito por María del Río.