A veces todo va tan rápido que asusta. Asusta mucho.
Y me encuentro intentando buscar una canción que me de
respuestas a un estado anímico que no sé definir. Pero no la encuentro. Y
me fumo un cigarro para respirar más tranquila pero evidentemente esa
no es la solución. Después paseo como si estuviera en un juicio
intentando encontrar el speech definitivo para concluir con una
respuesta contundente. Y tampoco sirve. Pasan los minutos y decido darme
una ducha que me despoje de palabras y pensamientos antiguos para dar
cabida a otros más vírgenes. Y ni el agua ni el albornoz más suave me da
lo que busco. Pero no desespero. Ya han pasado dos horas y busco otras
maneras de responderme. Juego al escondite y me encuentro en seguida
pero no como yo quiero. Pruebo reir sin parar para dar con la mejor
carcajada y liberarme de toxinas absurdas. Después lloro. Y luego me
ofusco. Así pasan dos horas más hasta que me veo sentada escribiendo
todo este colapso de ideas.
Y llego a una conclusión.
La de que hoy no
tiene que haber desenlace. Y quizás mañana tampoco.
Lo dejaré en manos de los "puntos suspensivos" para que me sorprendan en el momento menos pensado.
Sí.
Eso haré.
Escrito por María del Río.