Ella:
Hoy he soñado con el tipo aquel que me encontré el otro día.
Él:
¿Por qué?
Ella:
¿Desde cuando se le puede preguntar a los sueños?
Él:
Ya.
Escrito por María del Río.
miércoles, 13 de marzo de 2013
domingo, 3 de febrero de 2013
Agárrala!
El día a día a veces te hace caer en el olvido de aspectos realmente importantes.
Pero suerte que existen minutos y quizás horas en las que tu cabeza y tu cuerpo paran y se toman su merecido descanso para recordar lo que crees que ya no está.
Cuando sucede esto a veces quieres volver a la rutina porque no te gusta lo que ves pero otras es el mejor viaje que puedes realizar.
Y es que recordar no tiene porque ser un momento de tristeza. A veces esos momentos te brindan el regalo de agarrar a esa nostalgia para poder darle todo el calor que se merece.
Con pasión desmesurada y con los colores que te apetezcan. Yo en este caso elijo al azul que me sugiere templanza.
Y sí, es agradable acompañar a la nostalgia de la mano y no de espaldas.
Pasan esos momentos de parón y vuelves a la rutina, pero ya renovada. Una rutina llena de matices.
Escrito por María del Río.

Pero suerte que existen minutos y quizás horas en las que tu cabeza y tu cuerpo paran y se toman su merecido descanso para recordar lo que crees que ya no está.
Cuando sucede esto a veces quieres volver a la rutina porque no te gusta lo que ves pero otras es el mejor viaje que puedes realizar.
Y es que recordar no tiene porque ser un momento de tristeza. A veces esos momentos te brindan el regalo de agarrar a esa nostalgia para poder darle todo el calor que se merece.
Con pasión desmesurada y con los colores que te apetezcan. Yo en este caso elijo al azul que me sugiere templanza.
Y sí, es agradable acompañar a la nostalgia de la mano y no de espaldas.
Pasan esos momentos de parón y vuelves a la rutina, pero ya renovada. Una rutina llena de matices.
Escrito por María del Río.

viernes, 25 de enero de 2013
BRAINSTORMING
A veces todo va tan rápido que asusta. Asusta mucho.
Y me encuentro intentando buscar una canción que me de respuestas a un estado anímico que no sé definir. Pero no la encuentro. Y me fumo un cigarro para respirar más tranquila pero evidentemente esa no es la solución. Después paseo como si estuviera en un juicio intentando encontrar el speech definitivo para concluir con una respuesta contundente. Y tampoco sirve. Pasan los minutos y decido darme una ducha que me despoje de palabras y pensamientos antiguos para dar cabida a otros más vírgenes. Y ni el agua ni el albornoz más suave me da lo que busco. Pero no desespero. Ya han pasado dos horas y busco otras maneras de responderme. Juego al escondite y me encuentro en seguida pero no como yo quiero. Pruebo reir sin parar para dar con la mejor carcajada y liberarme de toxinas absurdas. Después lloro. Y luego me ofusco. Así pasan dos horas más hasta que me veo sentada escribiendo todo este colapso de ideas.
Y llego a una conclusión.
La de que hoy no tiene que haber desenlace. Y quizás mañana tampoco.
Lo dejaré en manos de los "puntos suspensivos" para que me sorprendan en el momento menos pensado.
Sí.
Eso haré.
Escrito por María del Río.
Y me encuentro intentando buscar una canción que me de respuestas a un estado anímico que no sé definir. Pero no la encuentro. Y me fumo un cigarro para respirar más tranquila pero evidentemente esa no es la solución. Después paseo como si estuviera en un juicio intentando encontrar el speech definitivo para concluir con una respuesta contundente. Y tampoco sirve. Pasan los minutos y decido darme una ducha que me despoje de palabras y pensamientos antiguos para dar cabida a otros más vírgenes. Y ni el agua ni el albornoz más suave me da lo que busco. Pero no desespero. Ya han pasado dos horas y busco otras maneras de responderme. Juego al escondite y me encuentro en seguida pero no como yo quiero. Pruebo reir sin parar para dar con la mejor carcajada y liberarme de toxinas absurdas. Después lloro. Y luego me ofusco. Así pasan dos horas más hasta que me veo sentada escribiendo todo este colapso de ideas.
Y llego a una conclusión.
La de que hoy no tiene que haber desenlace. Y quizás mañana tampoco.
Lo dejaré en manos de los "puntos suspensivos" para que me sorprendan en el momento menos pensado.
Sí.
Eso haré.
Escrito por María del Río.
viernes, 11 de enero de 2013
Escueta
No me esperes en tu vida porque estoy a un minuto de llegar a la mía.
Ya te aviso si eso.
Escrito por María del Río.
Ya te aviso si eso.
Escrito por María del Río.
martes, 11 de diciembre de 2012
Merecen ser Escuchados.
Escribir estas líneas no va a ser nada fácil por la cercanía del tema que voy a abordar y porque todavía estoy en shock.
Pero como me gustan los retos, convencida estoy de que algo saldrá. Bien o mal, pero saldrá.
Desde pequeñita tuve la necesidad de sentarme en las cenas y comidas que hacían mis padres o mis abuelos como una más. Hasta me maquillaba como mi madre y cogía un lápiz de color verde (esos lápices de la marca Alpino) y hacía ver que fumaba. No es que quisiera ser una niña mayor pero me quedaba embobada escuchando a mi padre o jugaba a imitar con mi abuelo los gestos de mi abuela y otras personas que estaban en ese encuentro. Quizás me gustaba estar ahí porque admiraba la sabiduría de todo lo que ofrecían. Así me pasaba en el cole, que cuando había recreo, íbamos a un parque precioso y además de columpiarme con mi mejor amiga, me sentaba en los bancos y hablaba con los ancianos de la residencia de al lado de mi escuela. Grandes momentos pasé hablando con personas que habían vivido ya gran parte de su vida pero que todavía les quedaba la última. Esa sensación de que me tenía que dar prisa a que me contaran todo antes de que se fueran es la que me ha invadido hasta ahora. Por eso siempre he congeniado muy bien con esas edades. Yo aprendo de ellos y ellos hacen un recorrido de su vida, retomando así emociones que creen haber perdido. Y es que merecen ser escuchados.
Por todo esto y más, no entiendo como existen personas que tengan la tan poca sensibilidad de meter a alguien en una residencia cuando la persona tiene plenas facultades mentales. ¿Cómo un hijo quiere desprenderse de alguien que le hado cobijo y sosiego durante toda su infancia, adolescencia y madurez? ¿Cómo no tienen la necesidad emocional e imperiosa de querer aprender aún más de su padre o madre y disfrutar de ese cariño innato? ¿Qué pautas de conducta le han invadido cuando ha sido querido y protegido durante toda su vida? Evidentemente estoy hablando de casos en que el anciano tiene facultades plenas para poder vivir en su casa hasta sus últimos días y no padece ciertas enfermedades que le inhabiliten por completo y también que el hijo haya tenido el privilegio de tener amor y cariño por parte de sus progenitores. Me duele que pase esto. Y más que por culpa del egoísmo y poca sensibilidad, un anciano muera de tristeza a causa de una decisión no compartida. Así es. Eso pasa y desgraciadamente hay muchos casos. Espero que la conciencia del hijo quede ensuciada por tal hecho y acción. Impotencia es lo que tengo. Cabreo también. Y tristeza me sobra al saber que no me ha dado tiempo a poder ayudar lo suficiente para poder transformar esa soledad y decepción de alguien que ha sido un ejemplo de bondad y generosidad y que sus palabras contenidas de melancolía y tristeza le han llevado a dejar este mundo tantas veces injusto.
Hasta siempre pequeño Gran Hombre.
Escrito por María del Río.
Pero como me gustan los retos, convencida estoy de que algo saldrá. Bien o mal, pero saldrá.
Desde pequeñita tuve la necesidad de sentarme en las cenas y comidas que hacían mis padres o mis abuelos como una más. Hasta me maquillaba como mi madre y cogía un lápiz de color verde (esos lápices de la marca Alpino) y hacía ver que fumaba. No es que quisiera ser una niña mayor pero me quedaba embobada escuchando a mi padre o jugaba a imitar con mi abuelo los gestos de mi abuela y otras personas que estaban en ese encuentro. Quizás me gustaba estar ahí porque admiraba la sabiduría de todo lo que ofrecían. Así me pasaba en el cole, que cuando había recreo, íbamos a un parque precioso y además de columpiarme con mi mejor amiga, me sentaba en los bancos y hablaba con los ancianos de la residencia de al lado de mi escuela. Grandes momentos pasé hablando con personas que habían vivido ya gran parte de su vida pero que todavía les quedaba la última. Esa sensación de que me tenía que dar prisa a que me contaran todo antes de que se fueran es la que me ha invadido hasta ahora. Por eso siempre he congeniado muy bien con esas edades. Yo aprendo de ellos y ellos hacen un recorrido de su vida, retomando así emociones que creen haber perdido. Y es que merecen ser escuchados.
Por todo esto y más, no entiendo como existen personas que tengan la tan poca sensibilidad de meter a alguien en una residencia cuando la persona tiene plenas facultades mentales. ¿Cómo un hijo quiere desprenderse de alguien que le hado cobijo y sosiego durante toda su infancia, adolescencia y madurez? ¿Cómo no tienen la necesidad emocional e imperiosa de querer aprender aún más de su padre o madre y disfrutar de ese cariño innato? ¿Qué pautas de conducta le han invadido cuando ha sido querido y protegido durante toda su vida? Evidentemente estoy hablando de casos en que el anciano tiene facultades plenas para poder vivir en su casa hasta sus últimos días y no padece ciertas enfermedades que le inhabiliten por completo y también que el hijo haya tenido el privilegio de tener amor y cariño por parte de sus progenitores. Me duele que pase esto. Y más que por culpa del egoísmo y poca sensibilidad, un anciano muera de tristeza a causa de una decisión no compartida. Así es. Eso pasa y desgraciadamente hay muchos casos. Espero que la conciencia del hijo quede ensuciada por tal hecho y acción. Impotencia es lo que tengo. Cabreo también. Y tristeza me sobra al saber que no me ha dado tiempo a poder ayudar lo suficiente para poder transformar esa soledad y decepción de alguien que ha sido un ejemplo de bondad y generosidad y que sus palabras contenidas de melancolía y tristeza le han llevado a dejar este mundo tantas veces injusto.
Hasta siempre pequeño Gran Hombre.
Escrito por María del Río.
sábado, 8 de diciembre de 2012
GIROS.
Tras
una noche de risas, copas y buena música, decidió irse a casa. Al día
siguiente le esperaba un día lento y burocrático en la cola del paro.
En el trayecto hacia su casa notó que sus pasos iban acordes a otros. No se asustó. Es más, se paró y se giró. Jamás hubiera imaginado que esos pasos tuvieran la planta de aquel hombre tan atractivo. Sin mediar palabra se besaron y follaron en medio de la calle. Después prosiguió su camino hacia casa. No se sintió sucia. Más bien gratificada.
Había cumplido una de sus fantasías sexuales.
Escrito por María del Río.

En el trayecto hacia su casa notó que sus pasos iban acordes a otros. No se asustó. Es más, se paró y se giró. Jamás hubiera imaginado que esos pasos tuvieran la planta de aquel hombre tan atractivo. Sin mediar palabra se besaron y follaron en medio de la calle. Después prosiguió su camino hacia casa. No se sintió sucia. Más bien gratificada.
Había cumplido una de sus fantasías sexuales.
Escrito por María del Río.

domingo, 2 de diciembre de 2012
Sucedió.
Esperó un beso suyo durante años y justo cuando decidió marcharse a otro país, la besó sin mesura.
Bendito Beso aquel!
Consiguió que se marchara definitivamente y encima con ganas. No le gustó como besaba.
Escrito por María del Río.
Bendito Beso aquel!
Consiguió que se marchara definitivamente y encima con ganas. No le gustó como besaba.
Escrito por María del Río.
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