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domingo, 10 de septiembre de 2017

AVE

El otro día viajando en tren me pasó algo que nunca olvidaré.
Me tocó al lado de una chica que se le notaba inquieta pero desprendía dulzura en sus gestos.
Mi ritual en el tren casi siempre es el mismo. Abrigarme mucho (es un congelador) e intentar dormirme.
Pero ese día no fue así.
No sé por qué pero mi boca al escuchar sin querer una conversación telefónica de esta chica con alguien, le preguntó: "Estás bien?" y ella me miró y me dijo con los ojos llorosos que acababa de estar en el entierro de su padre.
Sin saber muy bien qué hacer (qué haces en esos momentos?) le dije que lo sentía y le agarré su mano.
Sinceramente me sorprendí a mi misma reaccionando así cuando no le conocía de nada pero no se por qué sabía que estaba allí por algo.
De repente me vi inmersa en una conversación fluída, sensible, dulce y sincera con ella.
Y sin conocernos.
Hablamos de todo, reímos y hasta lloramos.
Y me acordé de aquel libro de Albert Espinosa "El Mundo Amarillo".
Ese libro te explica que en tu vida existen los familiares y amigos pero que muchas veces (más de las que puedas imaginarte) aparecen los llamados "amarillos". Son personas que se cruzan en tu vida, ya sea un minuto, horas o más tiempo para enseñarte algo.
Eso me estaba pasando con ella. Con Rocío.
Por una vez no quise que acabara el trayecto.
Me hablaba de su padre con una sensibilidad inmedible y claro, me removió. Me removió mi relación especial y maravillosa con el mío. Y yo por suerte, aún le tengo.
Al acabar le expliqué que ella había sido un "amarillo" y me dijo si los amarillos se podían convertir en amistades duraderas.
Y le dije que ese rato con ella no podía quedarse así sin más. De ese momento estaba creándose algo tan maravilloso como es una Amistad.
Y al despedirme de ella con un abrazo sentido me dijo "Gracias María, es como si mi padre te hubiera colocado a mi lado". Y yo me emocioné. Mucho.
Como mola la vida cuando te regala estos momentos.
Gracias Rocío.

Escrito por María del Río.

martes, 29 de agosto de 2017

EL PLAN

Él:
Te propongo un plan.
Cierra los ojos, siéntate a mi lado y recorramos el mundo.
Ella:
El mundo? Demasiados kilómetros.
Él:
Vale. Sé cómo funcionas.
Te propongo recorrer 1777 km.
Ni más ni menos.
Ella: Pero y si llegamos a ese destino y me apetece más?
Él: Tendrás que convencerme para que quiera estar otra vez a tu lado.

Escrito por María del Río.
 

Y pasó.

Hora de la cena en una casa céntrica de la ciudad.
Una pareja que se mira sin quererlo. El masticar de cada uno es el único ruido que rompe el silencio de esa casa y esa áspera cena.
Cuánta tristeza en el rostro de ella y cuánta indiferencia en el de él.
De repente como de un huracán se tratara, ella se levanta y sin mediar palabra sale corriendo por la puerta con ese camisón que bien podría ser tendencia ahora.
Mientras, en otra casa de esa misma ciudad, una cena a base de vegetales provoca la ansiedad de él. Nada que decirle a ella. Nada. Y de repente, como si de una tormenta tropical se tratara, se levanta, coge su cartera y móvil y sale por la puerta sin más.
Dos personas alejándose de lo que ya temían que pasara desde hace tiempo. Desencanto. Pero a la vez se acercaban a lo que más deseaban desde hace más de 8 años. Sí. Los dos sabían que aquel era el momento. Y coincidieron. Por fin. Se encontrar​on en aquella calle dónde su nombre les iba como anillo al dedo.
La Calle del Acuerdo.
Con el corazón acelerado caerían rendidos el uno al otro sin esconderse.
Por fin. Dos amantes que se encontrarían para disfrutar de eso que todo ser humano anhela.
La pasión.
La pasión en toda regla.

Escrito por María del Río.

Ese Banco

Seguramente este banco ha sido culpable de muchos besos escondidos y pudorosos.
Seguramente este banco ha sido testigo de los últimos pensamientos de una persona.
Seguramente este banco ha sentido la brisa del aire y las gotas enfadadas de la lluvia.
Seguramente este banco ha leído libros.
Seguramente este banco será el espectador de muchas vidas durante siglos.
Seguramente este banco habrá visto lloros y silencios.
Seguramente este banco hará todo lo posible para que no me olvide de él.
Aunque sin darse cuenta, ya lo ha conseguido.

Escrito por María del Río.
 

Me Cuesta

Me cuesta entender a esas personas que te dicen con cierto asombro el por qué de quedarse contigo ciertos comportamientos de tu niñez.
Me cuesta entender porque debes dejar de ser una niña a veces.
Me cuesta entender eso de ser siempre políticamente correcta.
Me cuesta entenderte.
Y creo que en este aspecto seguirá siendo así hasta que un día hagas la típica gamberrada y me la cuentes con cierta inocencia.
Ahí entenderé que por fin aceptas cómo soy.

Escrito por María del Río.
 

Pérdida

Cada mañana caminaban por esa calle y bromeaban sobre el tiempo.
Decían que no querían llegar a ser esa pareja que no tienen nada que decirse y acaban hablando de si va a hacer frío o calor.
Ellos bromeaban y ella se reía porque imitaba a las presentadoras de la tele diciendo que iba a ver fuerte marejada.
Sí, cada mañana pasaba eso.
También cruzaban el paso de peatón bailando y sin tipo de vergüenza.
Saludaban también al kioskero y al panadero donde él nunca se podía resistir a comprar un bizcocho casero que hacía él.
Se miraban por si se habían puesto un calcetín de cada color con las prisas, aunque ella lo hacía a propósito porque le encantaba no ir igual. Suerte la suya de que en su trabajo no le dijeran nada.
Y se miraban. Mucho. Y se besaban. Muchísimo. Y se entendían. Extremadamente.
Así era cada mañana para esa pareja.
Un paseo corto pero intenso.
Y de repente un día te encuentras que ya no está una de las partes.
Y cambias de camino por no poder soportar ese cambio de estado de ánimo.
Cómo es la vida. Un mañana estás en lo más alto y al día siguiente te despojan de todo.
Menudo cocktail de sentimientos conforman la vida.
Y al final, después de pasar por la tristeza, ira, rabia y culpabilidad, vuelves a retomar ese camino con nostalgia y una sonrisa.
En eso consisten las pérdidas.
Pasar tu duelo de emociones y al final quedarte con ese recuerdo melancólico.
Ella decidió eso y cada mañana se sonreía pensando que lo tenía al lado diciéndole qué tiempo iba a hacer.
No les dio tiempo a cansarse el uno del otro y si a quererse de todas las maneras.
Ahora en una distancia sin fin.

Escrito por María del Río.

martes, 18 de abril de 2017

La Silla

Cuando la conocí me enamoré de ella al instante.
No era mía pero conseguí abrazarla y mimarla para que se encandilara de mí.
Me lo tuve que currar mucho pero poco a poco su respaldo sólo quería mi espalda.
Y así comenzamos un idilio en el que cada noche antes de irme a dormir, mi espalda, con todos mis miedos y alegrías, se juntaban con el calor de su metal.
Esta silla salió de una película llamada "Bajo las estrellas" y llegó a una casa en la que yo conocí a alguien que me llevó a la luna.
Y ahora como si de una mascota se tratara, mi amor incondicional hacia ella, hace que me la lleve a mi nuevo hogar.
Prometo cuidarte y darte el lugar que te mereces.
Gracias por aguantar mis despertares matutinos y mis inseguridades en algún momento. 

Pero sobre todo, gracias por dejar reposar todos mis pensamientos y darme los mejores consejos.
Escrito por María del Río.
 

El Lavavajillas

Por un maldito botón del lavavajillas por fin sé el motivo de mi insomnio.
Bueno, quizás ya lo sabía pero me forzaba a no querer saberlo.
Por no sufrir quizás.
Sí, así me siento.
Con un "marcha" y de repente un "paro" por imposición.
Y es que hoy he puesto un lavavajillas tan sólo por pensar que había platos, cubiertos y ollas que hemos utilizado los dos.
Sí, utensilios en los que hemos desayunado, comido y cenado dos personas.
Puedo pensar que hoy mi locura me ha invadido. Pero es tan sólo (y tan mucho) que la respuesta a todo esto es que no me gusta echar de menos.
Me gustaría echarte de más y acabar un poco harta de ti y salir a la calle a airearme para perderte de vista. Y volver al cabo de 10 minutos, abrazarte y decirte que ya se me ha pasado ese hartazgo porque te añoraba.
Pero no. No puedo hacer eso.
Por mucho que apriete el botón de "marcha" no apareces y tengo que conformarme con imágenes y recuerdos que hagan que la espera sea más amena.
No es queja. No es necesidad. No es dependencia.
Es apetencia de que estés. En silencio o hablando.
Pero que estés.
Y ahora sacaré los platos porque se ha encendido el botón de "paro".
Ese maldito estado al que nos hemos acostumbrado para coger con más impulso y ganas los días que estás y haces más feliz esta casa.
Nuestra casa.

Escrito por María del Río.

ENAMORARSE

-¿Pero qué te pasa?
-Pues que creo que ya no estoy enamorado.
-Vale. Lo tengo que asumir. ¿Pero te puedo hacer una última pregunta?
- Claro.
- Para ti ¿qué es estar enamorado? Porque sinceramente yo toda mi vida me he planteado eso. Entre lo que te condiciona la sociedad y las malditas películas americanas románticas, a veces he pensado que nunca he estado enamorada.
No sé tú, pero ese cosquilleo del que habla todo el mundo, yo lo he sentido en una montaña rusa y no en una primera cita ni en esos tres meses de amor ciego.
Si no me pasa todo esto ¿quiere decir que no he estado enamorada?
¿Y qué pasa si he sentido otra cosa diferente? ¿Ya no vale?
¿Existe un manual del enamoramiento? ¿O es una patología?
Personalmente creo que me enamoro cada día de algo y eso me hace feliz.
Y sé cuándo me enamoré de ti, cuando te fuiste por ese callejón repleto de adoquines complicados para andar y te tropezaste.
Ahí me enamoré. No porque te cayeras (me hizo gracia también ) sino porque me dijiste que por qué nos teníamos que despedir cuando no queríamos que pasara eso.
Eso me enamoró. Y a día de hoy, cuando doblas la calle a la derecha y te miro, pienso eso.
Que no me quiero despedir de ti.
Mientras me pase eso, es que estoy enamorada.
Esa es mi filosofía. Que cada uno establezca la suya. El amor es variable en cada persona y ahí esta la magia.
Ahora déjame si quieres.
- No.Vayamos a ese callejón de los adoquines y vemos qué me pasa cuando me despida de ti.

Escrito por María del Río.

"Lo que no se da, se pierde"

El escritor Dominique Lapierre dijo esa gran frase "Todo lo que no se da, se pierde". Cuando la leí, sonreí y después me tranquilicé.
Sí, me pasó eso porque desde hacía muchos años que llevaba a la práctica eso. Antes me sentía rara por sacar de mi lo que sentía hacia otra persona.
Pero qué mal tiene el poder decir "hoy me has hecho feliz tomando un café contigo ", "te quiero", "gracias por tu escucha, tus palabras y comprensión ", "perdón, no te conozco pero ¿te puedo decir algo? Me encanta cómo vas vestida", "eres muy bello y te lo digo", "ha sido un placer ver tu cogote durante unos minutos" y un sinfín de sentires más.
Y es que ¿por qué tenemos que callarnos con sentires buenos que nos provoca otra persona?
Eso es un sentir "de a dos" y merece saberlo la otra persona.
Se merece ser compartido.
No seamos egoístas ni políticamente correctos con los sentimientos.
Seamos imprudentes a la hora de querer.
Menudo desperdicio decir lo que nos gusta de la otra persona y alabar sus virtudes cuando ya no está.
Llamádme loca, pero yo vivo más feliz diciendo lo que siento aunque muchas veces la gente se sorprenda por agradecer la compañía o la belleza de alguien aunque no la conozca.
Probádlo y me contáis.
Buenas noches.
¡Gracias por leerme! 

Escrito por María del Río.

LA DECLARACIÓN

La noche pasada tuve varios sueños pero imperó uno en concreto.
Es el que esta mañana ha hecho que medite algo.
El sueño en cuestión trataba de un chico que me gustó durante varios años de mi adolescencia y hoy se me declaraba y con lágrima incluída.
Sí, he visto muchas películas románticas durante toda mi vida y muchas veces me he enfadado con ellas.
Me enfadaba sin motivo porque yo lo único que quería era que se me declararan bajo la lluvia ( sólo en ese caso me gustaría mojarme) sin que la gente de alrededor importara y que me dijera ese chico que le encanta cómo bebo a sorbitos el vino, como me toco la nariz cuando me ruborizo, cuántas veces me tropiezo y me río por ello, cómo bailo en el supermercado cuando escucho "la canción", cómo se me achinan los ojos cuando me río y lo guapa que estoy cuando lloro y me enfado y sobre todo que cuando silencio hay algo que sigue hablando, mis ojos.
Sí, mola que se te declaren y el que contradiga eso no ha vivido.
Sí, mola que se te declaren pero a su debido tiempo a poder ser.
Por cierto, ese chico con el que he soñado ya ha sido informado del sueño que tuve ayer.
Su respuesta os la cuento otro día.

Escrito por María del Río.

RECORDAR

-No sé ni quién soy.
-Y yo aquí estoy para recordarte siempre quién eres.
Hace 7 años te cruzaste en mi vida y te convertiste en mi segunda madre.
La primera vez que te ví, tu sonrisa se me quedó clavada de la mejor manera en mi retina.
Tú, una mujer vitalista que a tus 60 años te apuntaste a la universidad a estudiar música.
Tú, una mujer que me regalaba en Navidades calcetines gordos para que no me congelara en Invierno.
Tú, una mujer que cuando te regalaba bombones eras la persona más feliz del mundo.
Tú, una mujer con carácter y Tauro como yo, donde el miedo no formaba parte
de tu lenguaje.
Tú, una mujer que cuando paseábamos nos reíamos porque cuando llegábamos al mercado no nos acordábamos qué teníamos que comprar.
Tú, una mujer que cuando tus recuerdos se iban difuminando, la Música te devolvía a tu ser.
Tú, una mujer que aunque no te recuerdes, los demás estamos para hacerte saber lo grande que eres las veces que haga falta.
Ojalá tuviera voz y pudiera escribirte esto en forma de canción.
Sé que así podrías recordarte siempre.
Pero no te preocupes, que me las ingeniaré para modular mi voz y como tengo amigos que se dedican a la música creo que me podrán ayudar para que esto y mil palabras más se transformen en canciones y te avive tu recuerdo.
Siempre a través de la MÚSICA.
Tu gran pasión.
Te quiero mujer de la sonrisa inmedible.

Escrito por María del Río.

El Mapa de los Olores

Cuánto poder puede llegar a tener un olor (para bien y para mal claro).
Hoy, un olor me ha trasladado a un momento único de mi vida.
Era una tarde de verano en un campo y lloviendo como si no hubiera fin.
Yo con un chico que me gustaba a rabiar riéndonos sin parar y despojándonos de esa inocencia de adolescencia y nutriéndonos de sensaciones nuevas.
Recuerdo que ese día no me importó que la lluvia me empapara, más bien lo contrario.
Si Woody Allen nos hubiera espiado podría haber cogido esa escena para rodar mucho antes la película Match Point.
Ese olor era el de césped recién mojado por la lluvia.
Benditos olores que a veces te sacan una sonrisa y hacen que por un momento vuelvas a tener esas mariposas en el estómago. 

Escrito por María del Río.

Políticamente Correctos

El otro día volví a preguntarme algo.
¿Vale la pena ser politicamente correctos?
Mi respuesta os la daré al final después de contaros varias situaciones.
Estaba en un local y me quedé sorprendida de la reacción de dos chicas al ver bailar a otra.
Decían "quiere llamar la atención", "Está haciendo el ridículo ", "Como no es mona tiene que hacer algo para que la miren" entre risas y miradas invasivas.
La chica que bailaba no se dio cuenta de todo esto. Y creo firmemente que si se hubiera percatado de esta embarazosa situación, habría seguido bailando sin más. La verdad es que yo sentía envidia por esta chica. Se la veía disfrutar sin que lo demás le importara. Y bailaba y bailaba sin parar.
Mirando a esta chica y a las otras dos me pregunté eso.
¿Acaso bailar como uno quiere es ser politicamente incorrecto? Parece ser que sí. Y lo políticamente correcto es criticar al prójimo sin darse cuenta uno mismo que lo que tiene no es vergüenza de esa persona, sino de uno mismo por vivir encorsetado hasta para salir por la noche. ¿Cuántas veces al día somos excesivamente "correctos"? Infinidad de veces. Pero a mi parecer, creo que estamos equivocados. Nos han inculcado que lo correcto es la opción de vida más acertada sin darnos cuenta que por poner un ejemplo, que tu jefe te mire por encima del hombro y te hable mal y tú lo consientas, ¿es ser politicamente correcto?.
Parece ser que si.
A mi me gustaría ir por la calle y poder expresarme tal y como soy. Ver algo que me gusta y decirlo (a veces lo hago) pero parece ser que eso está mal visto y te tachan de loco.
Eso sí, está bien y es correcto que se cometan incorreciones atroces cada día y se pasen por alto.
Pues mirad, prefiero estar en ese mundo de "locos" que no en el estandarizado que personalmente creo que está en el grado máximo de locura. 

Escrito por María del Río.
 

CASA

Siempre que voy a ver a mi familia pienso en la manera que tengo de comportarme.
Cuando eres adolescente la casa de tus padres es tu casa pero a la que te independizas dices "voy a casa de mis padres", a pesar de que ellos te hacen saber que también es tu casa.
Cuando voy parece como si determinados actos que hacía cuando vivía ahí, volvieran a resurgir.
Llamádlo manías o costumbres.
Una de ellas es como dice mi madre, poner mi "santuario" en la cocina. Mi vasito, mi jalea real y mis infusiones varias. 
Otra es sacar una cestita del cajón de mi habitación y poner mis pendientes y cosas varias.
Las casas de los padres cambian una vez te vas. 

Mi habitación en apariencia ya no es la misma pero dentro de los cajones y armarios siguen estando mis cosas. 
Agendas del 2002, cartas, camisetas cortadas por mi, libros jurídicos y un sinfín de artilugios que no sé a día de hoy, qué utilidad tienen. 
Mis padres no tocan nada. Y el motivo, además de respeto por mis cosas, creo que se debe a no querer que esos momentos de mi infancia y adolescencia se difuminen. 
Y qué bien que sea así.
Así que cuando voy a verles me hacen sentir que estoy otra vez en mi casa y no en la de ellos.
Ah! Se me había olvidado algo, las pequeñas discusiones también salen a relucir a veces. 

Pero familias perfectas no hay y yo soy muy fan de las imperfecciones.
¿Os pasa también a vosotros? 

Escrito por María del Río.

Las Redes

En la era de las redes sociales el estar triste no cabe.
Todos proyectamos lo felices que estamos y tenemos pudor a decir "Estoy Triste".
Es lógico claro. Tú expones lo que quieras de tu vida.
Pero siempre he pensado que hay mucha reticencia a permitirse estar triste.
Nos explotan con que seamos optimistas por encima de todo sin parar a pensar que la tristeza forma parte de nosotros y no deberíamos boicotearla en ocasiones.
Unas lágrimas muchas veces son necesarias y decir "Estoy triste" en algún momento también, al igual que una carcajada y un "Estoy alegre" .
Compensemos estares de ánimos y seremos más felices.
Por cierto, hoy he llorado y me he quedado como nueva.

Escrito por María del Río.
 

Make Up

Cuando era pequeña me encantaba ese momento en el que mi madre se maquillaba. Me relajaba mirarla. Nunca se maquillaba en exceso. La verdad es que no le hacía falta. Siempre se reía conmigo porque decía que no sabía maquillarse. Y encima a mi padre le gustaba con la cara lavada. Debe ser de familia porque yo odio ese momento de chapa y pintura. Ya no sé si lo hago para verme yo bien o porque la sociedad te impone estar "bello" siempre. Nunca he sabido realzar los rasgos "bonitos" de mi cara y me encantaría que me los enseñaran pero la verdad es que estoy más entusiasmada en encontrar los rasgos internos que pueda mejorar.
Por cierto, soy fan absoluta de las ojeras.
Escrito por María del Río.

Quiero

Quiero café con hielo.
Quiero granizado de limón en vena.
Quiero agua salada en mi piel todo el rato.
Quiero luz hasta las 22 de la noche.
Quiero gazpacho.
Quiero no llevar capas y más capas.
Quiero dormir con la ventana abierta.
Quiero fiestas con globos.
En definitiva quiero Verano.

Escrito por María del Río.

El Tamaño Sí Importa

El tamaño sí importa.
Por lo menos para mí.
Me interesan las personas que arriesgan por ti, que creen en ti, que se desviven por ti, que te enseñan, que te dan un toque de atención cuando es necesario, que te guían, que te piensan, que te emocionan, que no te dan la espalda cuando estás mal, que no hablan de boquilla, que no están sólo en el "jijijaja", que te quieren con locura, que no te juzgan, que te apoyan y que te espabilan.
Sí queridos, el tamaño en una Amistad sí que importa.
Escrito por María del Río.

La Generación Perdida

La llamada "Generación Perdida" hemos sido los que en nuestra adolescencia nos insistían en ser el número 1 constantemente. El número 2 no valía.
Afortunadamente en mi casa no tuve ese tipo de presión. Bastante tenía con la externa. Debías prepararte bien en todo. Idiomas. Muchos idiomas. Carrera Universitaria. Másters. Y más másters. Todo para llegar a ser ese maldito número. El 1.
Impotencia de pertenecer a ese grupo de jóvenes inocentes que teníamos que aspirar a ser algo. Un número exactamente.
No lo llevé bien la verdad.
No porque no pudiera.
Cumplí todo lo que se requería para serlo. Carrera universitaria, idiomas, máster, cursos y una gran fuerza de voluntad y perfeccionismo extremo.
Pero el otro día tomando algo en un bar con amigos, me presentaron a una chica que me preguntó: Tú que eres? Productora, actriz, cantante? Y con una sonrisa le dije: Que va! Soy María. Te vale? Su respuesta fue un silencio y miedo a articular palabra. No han debido responderle nunca así pensé.
Pero es que estamos obligados a tener una etiqueta o en el momento actual, un número de seguidores, para que supuestamente seamos "aceptados", y eso me entristece claro.
Descubramos más la esencia de la persona y no sólo el envoltorio.
Nos perdemos mucha gente talentosa por este motivo.
Ahora por no tener un número elevado de seguidores.
Antes por no ser el número más bajo: el 1.
Paradojas de la vida.

Escrito por María del Río.

ÉL

Nació y se quedó huérfano de madre cuando apenas tenía 6 meses. A los 15 años se fue a la Legión porque quedarse en el pueblo le reportaría una pobreza extrema. Se fue y batalló unas cuantas guerras. Poquito a poco fue subiendo y consiguió todo lo que se propuso.
Pero su sueño era ser médico y poco después de casarse se puso a estudiar y lo logró.
Estudiaba mientras cuidaba a mi madre de sus mil travesuras.
Qué suerte tuve de tenerle.
Y cuánto le echo de menos pasados ya más de 12 años.
Y es que él era un hombre que enamoraba a todo lo que tenía a su alrededor.
Yo lo estaba.
Me cuidaba como nadie, me compraba unas victoria verde cuando llovía y mis zapatos se me calaban cuando paseábamos, nos íbamos de viaje mano a mano y a él se le veía igual de feliz como si estuviera con mi abuela.
Él era el que me llevaba a comer croquetas dónde me gustaba e ir a ver el mar cuando estaba muy nerviosa.
Él era el que me apoyó desde el primer momento a descubrir mis sueños y cuando le cocinaba huevos fritos con pimientos me adoraba aún más.
Hablábamos cada noche cuando me fui a vivir a Madrid.
Cada noche.
Y una noche, sin avisar, su vitalidad arrolladora durante más de 80 años se apagó. Y supe que algo iba a suceder en breve. Así fue. Al cabo de dos semanas se me fue.
Durante los seis meses posteriores seguí llamando a su número de teléfono sin encontrar respuesta y a día de hoy me cuesta pasar por la calle Aragón de Barcelona.
Y es que cuando una persona te ha atrapado con locura y de la manera más gratificante, desprenderse de eso no fácil.
Dicen que el tiempo lo cura todo.
Dicen eso.
Pero soy más partidaria a decir que el tiempo me reaviva cada vez más momentos junto a él.
Con mi querido Abuelo.
A los que todavía tengáis el privilegio de tener alguno, cuidadlo mucho.
Son el mejor tesoro.
Hoy va por tí Abuelo.
Me acuerdo de ti y te lo digo.

Escrito por María del Río.

La Cama

La cama.
Ese lugar donde intercambias conversaciones y alguna que otra discusión con la almohada.
Ese lugar donde si tú quieres no sólo vale el misionero.
Ese lugar dónde te adentras en la vida de otros a través de los libros.
Ese lugar donde aprovechas para decir algo tan valioso y de manera sigilosa como "te quiero" cuando el otro se ha dormido. No vaya a ser que la otra persona no te corresponda y te quite el sueño.
Ese lugar donde juegas a guerra de almohadas con tu hermano, amigo o pareja.
Ese lugar donde ha hay sexo con amor y sin él.
Ese lugar donde has tenido los mejores sueños con la posterior decepción de que ha sido eso. Un sueño.
Ese lugar dónde tu mente hace la lista de la compra y todo lo que tiene que hacer al día siguiente.
Ese lugar donde a veces afloran las mejores ideas minutos antes de dormirte y te has de levantar a apuntarlas por si al día siguiente ya no te acuerdas.
Ese lugar donde surgen miedos con sombras varias de la pared.
Ese lugar donde puedes llegar a ser otras personas.
La cama.
Ese lugar donde se nace, se sueña, se ama y se muere.

El Medicamento

Ojalá hubiera un medicamento no invasivo que se llamara "antiechardemenosactil".
Yo que hasta para tomarme un paracetamol me lo pienso, creo que éste me lo tomaría.
Siempre he sido muy partidaria de que cada momento pasa por algo y he respetado mis momentos anímicos.
Pero claro a veces ese momento se alarga demasiado.
Echar de menos a un ser querido que ya no está es inevitable y seguramente perdurará toda la vida.
Pero no sé si a vosotros os ha pasado esto alguna vez. Echarse de menos.
Sí, el año pasado me eché de menos. Me buscaba y no me encontraba y no veáis que faena e impotencia. Bendito mi padre que siempre está ahí para recordarme cómo soy y que todo son momentos que luego vuelven a su cauce.
Afortunadamente volví a mi ser. Y ya no me echo de menos ni de más.
Si hubiera habido esa medicina hubiera sido todo más fácil pero creo que al final no me la hubiera tomado.
Me gusta más el proceso natural aunque sea duro.
Por cierto ahora mismo echo de menos algo.
Fumar.
Pero como siempre, encontraré la manera para lidiar ese estado anímico.

Escrito por María del Río.