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viernes, 26 de agosto de 2016

M

Mis padres siempre me decían que cuando este tio de la foto supo que iba a tener una hermanita no hubo ni un ápice de celos por su parte.
Es más la impaciencia se apoderó de él cuando yo, por avatares de la vida, no tuve un nacimiento normal.
Siempre miraba mi cuna y le decía a mi padre cuando estaría en casa.
El día que por fin llegué a casa, había noches que el llorar era mi momento preferido. Y él con 3 añitos, se levantaba, cogía el biberón y me lo daba entre las rendijas de la cuna.
Hablaba con la "z" y me decía que no podía estar llorando todo el rato porque los papás tenían que descansar.
Así visualizaron esa escena mis padres desde la puerta de la habitación y desde ese día supieron que él y yo seríamos uña y carne.
No se equivocaron.
Él es mi hermano pero mi amigo y confidente durante toda mi vida. Ah! Y el que me acaricia los mofletes sin mesura porque dice que son antiestrés.
Que suerte tengo.
Gracias Miguel.

Escrito por María del Río.

 

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