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viernes, 15 de enero de 2016

Frescura

Agua caliente que me cae sobre todo el cuerpo. A ratos la cambio a más fría para espabilarme. Siento que es como si buscara alguna cosa.
Y sí.
Lo que estoy buscando es no perder la frescura.
No perder la frescura de llorar. Pero no puedo.
Es entonces cuando me acuerdo de esa película ñoña  llamada "Holiday " en la que Cameron Diaz nunca consigue llorar porque está bloqueada. Y me consuelo pensando en el guionista que escribió eso.
A veces estamos tan empeñados en no mostrarnos sin corazas, que no dejamos que determinados estados anímicos muy necesarios, hagan su función.
Llorar no denota fragilidad.
Es un sentimiento tan necesario como otro.
Quizás es la ducha más larga que he tenido desde hace unos años. Y me ha sentado bien.
Al final he conseguido que las dos aguas se mezclaran sobre mi cuerpo.
La potable y la más salada.
La de mis lágrimas.
Pensaba que la había perdido.
Y no.
La frescura sigue ahí.
La de llorar pero la de reir también. 

Escrito por María del Río. 


















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