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jueves, 1 de noviembre de 2012

Garúa

Convencido de que iba a acabar el Mundo se sumergió en su silencio. No me extraña. Una noticia así provoca un colapso de palabras y articulaciones en todo tu cuerpo. Que inmóvil es el tiempo cuando estás en shock y que rápido es cuando te quedan tres días para saborearlo.
Se debatía entre estar colapsado o entrar en acción.
Cogió la segunda opción y pensó en varias alternativas.
La que más le conmovió fue irse a un erial y estirarse. No necesitaría más que sus pies, su corazón y la "brújula" de su mente para hacer frente a su deseo.
Llegó y empezó a garuar. Que extraña y gratificante sensación la de caer agua chispeante sobre tu cuerpo.
Realmente podía haber elegido otras opciones para finalizar su mundo, pero quería acabar como si él fuera la primera persona que pisara la tierra (y no era ni Dios, ni Adán).
Acabaría acompañado de los cuatro elementos de la naturaleza.
El fuego para entrar en calor, el agua de sus lágrimas, el aire de su respiración y la tierra de la firmeza de sus pies.
Asi pasó esos tres días. Estirado y desmenuzando los últimos retazos de su razón.
No tenía noción del tiempo pero intuía que se acercaba el momento. Y más cuando recordó esa silueta femenina y esa piel. El miedo llegó.
Pero lo que no sabía era que el mundo no acababa, sólo acababa el suyo para empezar otro carente de soledad.
Bendita lección en vida!
Escrito por María del Río.

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