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jueves, 1 de julio de 2010

ALASKA

Acababa de despertarse.

Sus ojos le delataban.

Pero los disfrazó.

Ese espacio ocular

ahora era

un misterio.

Y es que

no era un despertar cualquiera.

Estaba

en Alaska

y se despertaba

de una Siesta.

Algo que no entendían

la gente de allí.

Pero tenían envidia de ella.

No sabían el significado

de esa palabra.

Y es que cerrar

tus ojos

durante

unos minutos

por placer

es

quitarse

un muro

de pesadez.

Se puso las gafas rojas

tras la siesta.

Y es que sabía

que la mezcla del verde

con el rojo

era una de sus favoritas.

Era la llamada

"Siesta en Alaska".

Al cabo del tiempo

los habitantes

de Alaska

la probaron

y

supieron

lo que se sentía.

Escrito por María del Río.

Photo By One Dragones.

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