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lunes, 15 de febrero de 2010

La Siesta

Su pelo no le pedía cuidados pesados.

Su ojo no le pedía eye-lyner.

Su voz podía silenciar.

Su boca podía jugar como quisiera.

Su cuerpo podía tener espasmos en toda regla.

Su piel respiraba a su antojo.

Sus piernas revoloteaban como una niña.

Su apoyo era la espalda de él.

Una Siesta compartida.

Una delicia de Siesta.

Escrito por María del Río.

Photo by Jesús Ubera.

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