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sábado, 19 de diciembre de 2009

Una Farmacia Diferente

Llegó el dia.

La  chica se decidió.

Iría a la Farmacia.

Sus verdes ojos

eran dos gotas

que se deslizaban

simétricamente en su suave piel.

Sus cara

se había convertido

en un mar muy salado.

Su boca se hacía eco de ello.

Su andar femenino

pisaba el asfalto.

Su fina silueta era una línea

fronteriza entre deseo y ahogo.

Todo a la vez.

Desde su  cabello

hasta sus pies casi descalzos

se visualizaba

luz

ensombrecida por la falta de aire.

Estaba llegando.

Cuando otra silueta

acarició sus delicados huesos de su espalda.

La chica tembló.

Conocía ese tacto.

Conocía las yemas de esos dedos.

Conocía ese recorrido de esas manos.

Conocía el desenlace de esa caricia.

Llegaría el inicio de un abrazo

sentido.

Y la chica seguiría temblando.

Él la sostendría.

Le revolotearía su cabello

y con sus ojos le diría:

¿te sirve esta Farmacia Diferente?

Escrito por María del Rio.


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